PROMETEO: EL PROTECTOR DE LA HUMANIDAD

     Era un tiempo en que los dioses se pusieron a construir todo el universo, las galaxias, los planetas…. Entre esos planetas crearon la tierra. Después de haber creado la tierra se dieron cuenta que hacían falta seres, aquellos que animaran, aquellos que habitaran en ella.   

    Los dioses los modelaron en lo más profundo, en las entrañas de la tierra, mezclando tierra, fuego, gases y, cuantas materias se combinan con fuego y tierra. Así fueron creadas las diferentes especies, tanto los diferentes vegetales, como animales, como al ser humano.   

    Cuando se disponían a sacarlas a la luz, mandaron al Titán Prometeo que les otorgase las diferentes características y cualidades. ¿Por qué a él? nos podemos preguntar. Porque se dice de Prometeo que es el previsor, el que se anticipa a los acontecimientos en base a su conocimiento y experiencia, que piensa antes de actuar, que es un ser inteligente. Prometeo accedió a concederles a los seres las diferentes características.   

   Al escuchar esto su hermano Epimeteo, (aquel que es impulsivo, necio, egoísta, el que primero obra y luego piensa acerca de lo realizado).  Le pide que por favor le permita a él hacer el trabajo de otorgar los diferentes dones a las diferentes especies, "Una vez que yo haya hecho la distribución, dijo, tú la supervisas".  Prometeo accedió. Epimeteo comenzó a distribuir entre los diferentes seres: a unos les otorgó alas, a otros garras, a otros la posibilidad de nadar, a otros la visión nocturna, pelo espeso para el frio…   

    Después de esto, suministró alimentos distintos a cada uno de los seres: a algunos plantas de la tierra; a otros frutos de los árboles; y a otros raíces. Y hubo especies a las que permitió alimentarse con la carne de otros animales…
    

    ¿Pero qué es lo que sucedió cuando le tocó al hombre? Como Epimeteo no era del todo sabio, gastó, sin darse cuenta, todas las facultades. Dejando sin cualidades a la especie humana, y sin saber qué hacer. 

   Llegó Prometeo para supervisar la distribución. Vio a todos los animales armoniosamente equipados y al hombre, en cambio, desnudo, sin calzado, sin abrigo e inerte. Y ya era inminente el día señalado en el que las diferentes especies saldrían del centro la tierra a la luz.

     Prometeo, aquel que se dice que es protector de los hombres, conmovido por amor hacia ellos, ascendió al Olimpo y robó al dios Hefaistos el Fuego (símbolo de la mente, de la razón, el habla) y a Atenea la Sabiduría (conocimiento y discernimiento), y se los ofreció como regalo al hombre. Debido a esto, el hombre adquirió los recursos necesarios para la vida, pero sobre Prometeo, por culpa de Epimeteo, recayó el castigo de los dioses. 

     El hombre, una vez que participó de una porción divina, fue el único de los animales que, a causa de este parentesco divino, desarrolló ciudades, la comunicación de los unos con los otros de una manera razonada… 

    Zeus, padre de los dioses y los hombres, aquel que lo había visto todo desde el Olimpo, se enfadó tremendamente. Zeus por un lado le concedió a los hombres  la primera mujer, llamada Pandora. Pandora fue creada por el artesano divino Hefaistos por orden de Zeus. Hefaistos la modeló con arcilla y lágrimas (símbolo del dolor y la melancolía que transmitió a los hombres). Para tornarla atractiva cada divinidad le otorgó un don, de ahí su nombre Pandora ("todos los dones"). Una vez concluida fue enviada a la Tierra junto a una caja, la cual bajo ningún pretexto debía de ser abierta por los hombres. Estos, movidos por la curiosidad, destaparon la caja, y se cuenta que en esos momentos se destaparon todos los males del mundo o, según otra versión, todos los bienes. Quedando en el fondo de la caja lo último que se pierde que es "la Esperanza".   

     Zeus al mismo tiempo condenó a Prometeo a permanecer encadenado de por vida, a un monte, el Cáucaso. Durante el día un águila, le devoraría el hígado, y durante la noche le volvería a crecer, día tras día, así eternamente.

    Heracles que pasaba por allí camino de las Hespérides para realizar su undécimo trabajo, conmovido por la situación de Prometeo, lanzo con su arco una certera flecha rompiendo las cadenas que retenían a Prometeo, dándole la libertad. Agradecido, Prometeo reveló a Heracles el modo de obtener las manzanas de las Hespérides, aquellas que concedían la inmortalidad.   

     Zeus que había visto todo lo sucedido se sintió muy orgullo de la hazaña que había realizado su hijo Heracles, por lo tanto, no volvió a castigar a Prometeo, pero si le obligó a llevar de por vida un anillo formado de las cadenas y un trozo de la roca a la que fue encadenado.