Egipto: el gran desconocido

        Durante mucho tiempo, milenios,  Egipto ha sido un símbolo de lo secreto. La palabra Egipto es de origen griego, Aigyptos, que significa “lo secreto”, “lo escondido”. Parece ser que sus antiguos habitantes no lo llamaban Egipto, sino Khum, Khemu o de Kem, que significa “El Rojo”, “El Quemado”, “El Ígneo”.

     La historia de Egipto nos parece misteriosa, porque nuestra civilización comenzó al mismo tiempo que Egipto pasaba a ser muy antiguo, cuando nuestras costumbres y diferentes lenguas occidentales comenzaban a emerger, mientras que los antiguos dioses egipcios se sumían en el misterio. Los griegos lo conocieron a medias, los romanos lo conocieron solo superficialmente. Para ellos era sólo el granero del Imperio.

     Hoy sabemos que Egipto no tuvo siempre la misma conformación geográfica;  el desierto del Sahara era el fondo de un mar y en el delta del Nilo, a partir de la última catarata hacia el norte existían algunas islas, donde se elevaron las pirámides y la Esfinge.  La pirámide de Keops ha sido siempre admirada por su exactitud. Hoy en día, que se ha medido con nuestra tecnología, se ha descubierto una exactitud superior aún. Si reflexionamos sobre el hecho de que para su revestimiento se utilizaron veinticinco mil bloques, cada uno de ellos con la misma perfección que la que puedan tener los grandes espejos parabólicos que se utilizan para las observaciones astronómicas, es difícil creer en un hombre que está tallando una piedra con otra.

     También se sabe que los egipcios mantuvieron a través de los siglos una serie de conocimientos técnicos. Es impresionante ver un bloque de mil toneladas en un lugar cerrado, sin una marca de algo que lo haya transportado allí. Para esto hay sólo dos posibilidades: que tuvieran instrumentos completamente desconocidos para nosotros, de los que no ha quedado ningún rastro, o que hayan podido elevar estas grandes masas de piedra anulando de alguna forma la fuerza de la gravedad, lo cual hoy sabemos que no sería  imposible desde el punto de vista científico. Los egipcios mantuvieron estos conocimientos secretos y poderosos a través del tiempo.

     Así pues, las grandes construcciones egipcias, sus elementos rituales y sus piezas arqueológicas nos trasladan a un mundo desconocido, donde el simbolismo y lo sagrado se perciben en cada elemento que observamos, mientras nos preguntamos a nosotros mismos qué es lo que estamos viendo.

 

                                                                                                                             Ana Fernández