Mandalas: ¿Qué son y para qué se utilizan?

En sánscrito, mandala significa círculo, la forma perfecta y por ello símbolo del cosmos y la eternidad, pero en un  sentido más amplio representa medios auxiliares de concentración y de meditación construidos a partir de círculos y de formas derivadas del círculo, como flores o ruedas.
En contra de lo que se piensa, el mandala no es exclusivo de Oriente ni del budismo, tienen un origen ancestral,  siendo un lenguaje simbólico utilizado por todas las culturas: griegos, egipcios, aztecas, incas, mayas, mesopotámicos, tibetanos,  en China, India, hasta en catedrales medievales y en iconos modernos cargados de significado. En la cultura tibetana  se crean mandalas de arena de colores, se estudian durante un tiempo y después se deshacen, y se vuelven a realizar nuevas creaciones, ya que lo verdaderamente importante no es lo que se crea, sino el proceso creativo en sí.

Estas figuras aunque suelen ser circulares, a menudo tienen otras formas geométricas, como triángulos, cuadrados, cruces, o apariencia de flores o ruedas y simbolizan al Universo o Macrocosmos: su origen y finalidad, y, por lo tanto, el proceso de retorno a los orígenes (centro). Y en el plano personal trata de nuestro pequeño universo o Microcosmos: los procesos que llevan a encontrar nuestro auténtico Yo a través del desarrollo del ser interior o poderes latentes (virtudes).  Así el mandala es un espejo del cielo (Cosmos) y de uno mismo.

 

JUNG Y LOS MANDALAS

En la antigüedad siempre se han utilizado los mandalas con fines contemplativos y religiosos, pero después de las investigaciones llevadas a cabo por el psicólogo e investigador Carl G. Jung, comenzaron a usarse también con fines terapéuticos.

Este investigador nos cuenta en sus memorias que durante la Primera Guerra Mundial, siendo comandante en un campo de prisioneros en Suiza, comenzó a dibujar cada mañana formas circulares, dándose cuenta posteriormente que eran mandalas.

Cada mandala personalizaba su estado psíquico del día que lo había dibujado y descubrió que todo este proceso le ayudaba mucho. Al principio, comprendía muy poco lo que significaban, pero gradualmente fue dándose cuenta que estaba teniendo una experiencia extraordinariamente significante: aquellos dibujos eran informes diarios sobre el trabajo interno que ese punto central estaba efectuando en él  y supuso un reencuentro consigo mismo.

Según Jung, los mandalas son imágenes sagradas que representan la psique integrada, y los considera como una representación arquetípica del subconsciente colectivo, que algunos autores redefinen como Supraconciencia.

A nivel psicológico los mandalas ayudan a la activación de los dos hemisferios del cerebro al mismo tiempo, entre el hemisferio derecho (donde reside la creatividad, el sentido artístico, la imaginación, la intuición) y el hemisferio izquierdo (proceso secuencial, preciso, metódico y detallista), por lo que se consideran una buena herramienta para facilitar el equilibrio psicológico.

 

En definitiva, los mandalas nos pueden aportar numerosos beneficios tanto a  nivel físico, psicológico y emocional, como también a nuestra creatividad, intuición y a nuestro espíritu.