El día del milagro

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   En Santa Pola y en muchos pueblos de la costa y también del interior existe la creencia  que el día 10 de Julio, a las doce en punto del mediodía, y tan solo por unos instantes, el agua del mar se vuelve dulce. Y por más que he preguntado la razón de este extraño prodigio, muy poca gente ha sabido darme una explicación. Normalmente suelen decir: “es que es el día del milagro”. Sin embargo hay una leyenda que intenta aclarar este misterio relacionando “el día del milagro” con una fuente de agua dulce que había cerca del mar, cerca de la sierra de Santa Pola, por donde estaba el antiguo matadero.

   Cuentan que por aquella sierra pedregosa  vivía una chica muy bella y muy dulce a la que le gustaba mucho el mar. Y tanto le gustaba que todos los días se pasaba horas y horas contemplándolo y no se cansaba nunca: la captivaban los reflejos del sol sobre el agua, las ondulaciones suaves de las olas, o bien el blancor de la espuma cuando las olas descerraban  en la arena. La joven sentía como pasaba el tiempo admirando aquella inmensa belleza y entonces la invadía una dulce melancolía, seguida de una pena intensísima porque ella deseaba vivir en el mar, y ganada por la tristeza, empezaba a llorar tan amargamente que nadie la podía consolar.

   Y todos los días, cuando el sol ascendía por el cielo y el mar era un espejo deslumbrador, la joven iba siempre al mismo sitio y allí, a la orilla del mar, lloraba en silencio. Entonces el sol le preguntaba:

  • ¿Por qué lloras?
  • Porque me gustaría vivir bajo el mar.
  • Pero eso no puede ser. En el mar solo viven los peces.

   Pero la joven no le contestaba y continuaba llorando, desecha en lágrimas. Por la noche, era la luna amarilla y redonda, columpiándose en medio del cielo, quien le decía:

  • ¿Por qué lloras?
  • Ay , porque yo quiero vivir en el mar
  • Pero eso es imposible, niña, ni puedes vivir en el mar ni tocar el cielo con la mano. Venga, venga, no llores más.

  Y envuelta por su aro luminoso, la luna seguía su camino, deslizándose por el cielo negro, pero la joven no tenía consuelo. Y tanto lloro, que en aquel lugar apareció una fuente, cuyas aguas resbalaban hasta la playa de l’Antina.

   Un día se le apareció un mago que le pregunto la razón de aquellas lágrimas y cuando la chica se lo explico todo, le dijo:

  • Entonces no tienes que llorar más, tu deseo será satisfecho.

   Y cuando acabo de decir estas palabras, aquel mago la convirtió en sirena y la dejo en medio del mar. Al principio, la joven se sentía feliz y contenta pero luego se dio cuenta de que si había ganado una cosa, había perdido otra. Sí, porque hay que decir que aquella chica, es decir, aquella sirena tenía un amado que vivía en la sierra y que ahora, como ya no tenía pies, no podía salir del mar y no podía verlo. Entonces empezó a llorar y a llorar nuevamente porque ahora  ya no  había remedio: sería una sirena para siempre y nunca volvería a ver a su amado nunca más.

   Y a causa de estas lágrimas de la sirena, dicen algunos que todos los años el agua del mar se vuelve dulce el 10 de Julio, a mediodía.

   Y por esta razón a este día le dicen “el día del milagro”

                                                                                                             (Recogida en Santa Pola)