San Pedro y la media naranja

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     Es conocido que Nuestro Señor y San Pedro eran buenos compañeros de viaje y que los dos recorrieron muchos pueblos y ciudades del mundo. Y hay que decir que el Apóstol era un hombre bueno pero a veces pretendía saber más que Nuestro Señor y, claro, eso no podía ser. Por este motivo aconteció un episodio muy curioso que ocurrió hace muchos años cerca de nuestro Vinalopó.

     En aquellos días Nuestro Señor y San Pedro habían predicado por Matola, Puçol y últimamente habían estado en la Baya y ahora iban por Daimés camino de Elx. Venían rodeando el rio y como Nuestro Señor se sentía cansado, le dijo al Apóstol que deseaba parar un momento para tomar aliento. Al lado del rio, cerca de un espeso cañaveral, se sentaron fatigados y sudorosos. Hacía un calor que calentaba las piedras aunque una brisa  soplaba como un suspiro. Aquel era un bonito momento de paz, pero entonces, San Pedro, que estaba muy pensativo, preguntó:

- Señor, ¿Hemos de creer las cosas que vemos?

     Y Nuestro Señor respondió:

- En verdad te digo, Pedro; que de todo aquello que veas, cree sólo la mitad.

- Señor, eso es muy poco ¿Solamente hemos de creer la mitad de todo aquello que veamos?

- Únicamente la mitad, Pedro, y aun es mucho- dijo categóricamente Nuestro Señor.

     Pero a Pedro no le acabó de convencer este razonamiento y como era muy cabezón, no podía parar de pensar cómo podría contradecir los argumentos de Nuestro Señor. En esto pensaba Pedro cuando vio una naranja que flotaba en las escasas aguas del rio. Entonces Pedro pensó: Veo aquí una naranja que va rio abajo, de la que solo puedo ver la mitad pero yo se ciertamente que es una naranja entera y que si no se ve más que la mitad es a causa del agua; es decir, que veo media naranja a pesar de  que se trata de una naranja entera; todo lo contrario de lo que ha dicho El Señor.

     Entonces San Pedro se preparó sus razonamientos y le dijo a su maestro:

- Señor, ¿cómo quieres que crea únicamente la mitad de las cosas que veo si a veces tiene que ser lo contrario? Aquí vemos media naranja, pero los dos sabemos que esta naranja, dado que flota, debe estar entera.

     Nuestro Señor no se inmutó y dulcemente le dijo a su discípulo:

- Pedro, ve y coge la naranja y así veremos quién tiene razón.

     San Pedro se arremangó la túnica y muy decidido entró en el rio, pero cuando agarró la naranja, pudo comprobar, inexplicablemente, que solamente era media naranja. Entonces el Señor le dijo:

- ¿Ves cómo es verdad lo que te acabo de decir? De todo aquello que se ve solamente se puede creer la mitad y a veces es aún demasiado.

     Y San Pedro tuvo que reconocer que el Señor tenía razón y comprendió que no es bueno fiarse de la apariencia externa de las cosas.

                                                                                                                                                                                     (Recogida en la Baya)