¿LOS SONIDOS SANAN?

Alejandria, Elche, Elx, Filosofía

Desde un punto de vista estructural, el organismo es un conjunto de partes o elementos resonantes. Cada órgano posee, en relación a su morfología e histología, una condición de vibración o de máxima resonancia en determinada frecuencia, convirtiéndonos en posibles acordes o complejos sonoros. De ahí que el principio de resonancia sea la base fundamental de la terapia del sonido.

Además, a parte de la vibración sonora, hay otro elemento importantísimo que es la intención, (ahí entraría lo que nosotros llamamos música). Tal y como dice Jonathan Goldman en su libro Healing Sounds,

FRECUENCIA + INTENCIÓN = SANACIÓN.

“La intención, esa voluntad focalizada en el propósito, es determinante para que los efectos beneficiosos se hagan bien patentes”.

 

VIBRACIÓN Y SANACIÓN:

Standfor Cymatics:

Una vibración es un patrón de información en diferentes planos: Aquí podemos ver como un mismo tono, o sea un mismo patrón de vibraciones, adopta diferentes formas en los diferentes elementos, o sea que dependiendo del elemento sobre el que actúa,  lo cual demuestra que, una vibración sonora es como minimo cuatridimensional, una dimensión por cada uno de los cuatro elementos, faltaría poder averiguar las tres dimensiones de los otros tres elementos aun no manifestados…. Ahí está el misterio…

Desde los orígenes de la humanidad, el hombre ha utilizado el sonido para comunicarse, para recibir información del entorno, así como también, para transformarse y sanar. Casi todas las culturas antiguas creían que el sonido era la fuerza creativa, generatriz, responsable de la creación del universo. De hecho, actualmente sabemos con toda certeza, como de alguna manera también lo sabían los antiguos, que todo el universo está formado por átomos. Pero la materia no es estable. La materia está en continua vibración, en continuo movimiento, si nos adentramos al nivel atómico, los electrones se mueven constantemente a gran velocidad alrededor del núcleo.

Todo el Universo es vibración, que según su orden de frecuencia (cantidad de vibraciones por segundo) se crean diferentes tipos de ondas que se expresan como luz, color, sonido o forma. Estos diferentes estadios de densidad reproducen la manifestación de este planeta y los orígenes de la materia. Es sólo desde la percepción de nuestros sentidos que el mundo físico toma un carácter estable, aunque esta forma de percepción parcial no resulte más que pura ilusión.

 El sonido es una forma de energía en vibración o pulsación.

 Isaac Newton designó el fenómeno característico del sonido como pulsus o pulso:

"Los sonidos no son otra cosa que pulsaciones del aire".

De una forma simple podríamos decir que “el sonido es aquello que podemos oír”. En cierta forma es así, pero en realidad existen muchas vibraciones que no oímos. Simplemente es una cuestión de “parámetro de diseño”, de la capacidad de respuesta que tiene el oído humano.

Según sea la frecuencia de onda, podemos percibir el sonido como tonos. La unidad de medida de la frecuencia es el Hertz (Hz), que es número de pulsaciones por segundo. El oído humano percibe e identifica como tono entre 16 y 25.000 Hz. Las frecuencias por encima o por debajo resultan inaudibles para el oído humano. Denominadas ultrasonidos e infrasonidos respectivamente, estas frecuencias no son audibles por el hombre, pero si por otros animales.

La vibración sonora genera una oscilación en las moléculas del aire, que vibra, resuena y transmite la vibración a las moléculas contiguas y así se va propagando a una velocidad que depende del elemento con el que se encuentre. En el caso de propagarse por el agua, la velocidad del sonido es cinco veces mayor que por el aire. Dado que el 70% de nuestro cuerpo está formado por agua, resulta evidente que nuestro organismo es un medio adecuado para la transmisión del sonido.

Cuando un objeto empieza a vibrar por la influencia de otro, decimos que han entrado en resonancia. Este principio de resonancia es el pilar fundamental de la terapia del sonido. Una vibración podemos sentirla físicamente aunque no seamos capaces de percibirla a través del oído. A través del tacto es posible reconocer determinadas vibraciones fuera o dentro de la gama audible.

El sonido también lo podemos percibir a través de las vibraciones de los huesos del cráneo. Dado que el oído interno se encuentra inserto en la cavidad del hueso temporal, las vibraciones del cráneo mueven los cilios de las células nerviosas del órgano de Corti, estimulando así el nervio auditivo, que transmite la información a la corteza cerebral (de alguna manera el sonido encuentra el camino para llegar a realizar su función, sea o no audible para su receptor).

Nuestro organismo es una gran “caja sensible” a la vibración. Un estímulo sonoro o musical se percibe simultáneamente por el sistema auditivo, tacto, plexo solar y por receptores articulares y musculares.

Desde los años 30 del siglo XX, se vienen estudiando los efectos del sonido sobre diferentes materias, incluido el cuerpo humano. Desde los descubrimientos del Dr. Hans Jenny, médico y científico suizo, que estudió el efecto de ondas de sonido sobre diferentes materias y como variaba la organización de sus partículas formando figuras geométricas hasta la “Music Masaje Sound Therapy” o terapia de masaje sonoro, la ciencia de la cimática prueba, más allá de toda duda, que cualquier sonido cercano al cuerpo humano originará un cambio físico en el interior del organismo y en cada estrato de sus campos electromagnéticos, o aura.

Las vibraciones que percibimos provocan reacciones corporales, cambios en la fisiología que pueden ser tanto para bien o para mal. Si los sonidos son los adecuados generarán un orden y una armonía capaces de restaurar el equilibrio interior a todo nivel.

Cada sonido genera una vibración que influye directamente sobre un órgano en concreto, ya sea este algun chakra o algun órgano físico.: hígado, Corazón, Pulmón, Bazo-páncreas y Triple calentador, depurándolo y sanándolo tanto física como emocionalmente.

 

Jesús Arnau